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Entre corros de folk y karaokes surrealistas: la extraña (pero perfecta) receta del Jaleo! 2026

Por Redacción NoSoloEsRuido
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¿Cómo encajan De Ninghures y Ojete Calor en un mismo escenario? Analizamos el éxito de un festival que ha venido para quedarse

El Multiusos Fontes do Sar volvía a abrir sus puertas para la segunda edición del Festival Jaleo!. Tras una primera entrega que dejó el listón alto, este año tocaba la reválida: demostrar si el evento tiene el pulmón necesario para ser una cita fija en el calendario galego o si se quedaría en un intento puntual. La presión estaba ahí, pero el Sar se presentó una vez más como un buen refugio para una jornada donde la música fue la única protagonista.

Sin embargo, hay que ser realistas con el recinto. Por mucho que se llame "Multiusos", no es el lugar ideal para este tipo de eventos; es la única opción viable en Santiago por tamaño y ubicación, pero no deja de ser un pabellón de deportes. Esto conlleva ciertas incomodidades, como las largas y empinadas escaleras para moverse entre pista y grada, o los problemas de acústica que suelen aparecer cuando el aforo no está completo. A pesar de estos inconvenientes, la labor de la organización fue notable, logrando que el asistente estuviera cómodo.

El éxito de convocatoria fue evidente con el anuncio del "sold out", aunque desde NoSoloEsRuido preferimos relativizar el concepto de “sold out”. En los momentos álgidos, la pista presentaba un lleno absoluto y la grada de fondo habilitada lucía abarrotada. Lo más destacable fue que, pese a la cantidad de público, la fluidez fue la tónica general: apenas hubo esperas para las recargas del sistema cashless ni para las barras. Hubo colas puntuales en los baños de mujeres y en algunos foodtrucks, pero nada que empañara la experiencia general de un evento muy bien gestionado. 

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El ritmo entre bambalinas y el latido local

Para hilvanar la jornada, la organización optó por SEÑORA DJ, encargada de amenizar tanto el inicio como los descansos entre bandas. Recogía el testigo de lo que hizo DAVID VAN BYLEN el año pasado, y aunque cumplió con su cometido de mantener el pulso del evento, no podemos evitar reconocer que las sesiones de DAVID VAN BYLEN nos encajaron mejor en la edición anterior.

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La música en directo arrancó con De Ninghures. Los compostelanos jugaban en casa y supieron transformar un recinto inicialmente medio vacío en una celebración de raíz. A medida que su actuación avanzaba y el pabellón se iba poblando, la energía creció de forma exponencial. Fue gratificante ver cómo se formaban espontáneamente grupos de baile por todo el recinto, metiéndole al cuerpo un chute de energía que solo el folk de aquí, cuando se hace con ganas, consigue contagiar. Fue el arranque perfecto: honesto, local y cargado de identidad. 

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De la psicodelia festiva al karaoke del subnopop 

 Tras el sabor gallego, llegó el turno de Sidonie. Los catalanes son auténticos "animales" de directo que nunca defraudan y consiguen que sus conciertos sean siempre una fiesta de camaradería. Aunque nos quedamos con las ganas de escuchar más temas de su último disco, la banda optó por tirar de sus grandes clásicos para deleite de los asistentes. No faltó el ya icónico paseo a hombros de Marc Ros por la pista, rompiendo la barrera con el público y elevando la temperatura del festival.

El gran quiebro estético lo protagonizaron Ojete Calor. A pesar de llevar años siguiéndoles la pista, era nuestra primera vez frente a ellos en directo. Debo reconocer que me decepcionaron un poco; no por su actuación, sino porque las expectativas que llevaba —basadas en fotos y vídeos de otros shows— eran demasiado altas. Aun así, su capacidad de movilización es incuestionable: pusieron el Sar patas arriba y lo convirtieron en un karaoke gigante donde cada letra de su "subnopop" fue coreada con una entrega absoluta. 

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El peso de los galones y el cierre de Ultraligera 

 Llegado el turno de Xoel López, las pulsaciones cambiaron. Cualquiera que nos conozca sabe que para NoSoloEsRuido, Xoel López es "D10S" a nivel musical. Sin embargo, su paso por el Jaleo! no se contará entre sus mejores noches. Estuvo bien y tocó lo que se esperaba, pero nuestra impresión fue la de ver a un artista algo "frío" y "distante". Cumplió con creces porque Xoel nunca da un concierto malo, pero el resultado nos pareció un tanto justo para lo que nos tiene acostumbrados.

 El cierre corrió a cargo de Ultraligera. No soy un gran fan de su propuesta ni de su estética, pero la honestidad obliga a reconocer los hechos: a pesar de que parte del público se marchó tras Xoel, los que aguantaron disfrutaron como locos. La banda desplegó ese sonido indie-rock con estética ochentera, que parece haber calado hondo en el público actual. Como anécdota, hay que destacar que fueron los reyes de la mercadotecnia; era difícil no cruzarse con alguien que no llevara alguna de sus camisetas.

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La Huella de NoSoloEsRuido  

 Más allá de lo puramente artístico, no queremos olvidarnos de los que de verdad sostienen el tinglado. Hablamos de esa legión de trabajadores que van desde los técnicos de sonido, luces y backline, hasta los equipos de montaje, carga y descarga que levantan el escenario de la nada. Sin olvidar, por supuesto, al personal de barras, limpieza, seguridad y accesos que se pegaron la paliza para que todo funcionara como un reloj. Su comportamiento y profesionalidad fueron espectaculares; a veces se nos olvida que sin toda esa gente que suda detrás de las vallas, el festival simplemente no existiría.

También es justo agradecer la labor de la empresa organizadora, Art Music Agency. Sacar adelante un festival así en el Sar requiere mucho oficio y han demostrado que el Jaleo! tiene los cimientos necesarios para seguir creciendo. Salimos del recinto con la sensación de que Santiago ha recuperado su pulso musical de primavera. El club ya tiene sus puertas abiertas y nosotros volveremos a cruzar el umbral el año que viene.  

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