Río Verbena 2026, el festival que comenzó antes del festival
Crónica de una edición de lleno absoluto en Pontevedra, marcada por la despedida de Love of Lesbian y el triunfo del talento gallego
Aunque, a priori, el Río Verbena 2026 se celebraba los días 21 y 22 de agosto, la realidad es que el festival comenzó, como ya ha sucedido en ediciones anteriores, unos días antes. El martes 18 y el miércoles 19 se celebraron en la plaza de Méndez Núñez las ya habituales Sesións Verbeneiras, una serie de conciertos gratuitos protagonizados habitualmente por bandas locales. En esta ocasión, el martes fue el turno de Desconcerto, mientras que el miércoles subieron al escenario Mamasunción y Four Passengers.
Las Sesións Verbeneiras vuelven a demostrar que existe un público con ganas de disfrutar de música en directo más allá del recinto principal del festival. La plaza y las calles aledañas se llenaron de gente durante ambas jornadas, confirmando el éxito de una iniciativa que, quizás, podría ir un paso más allá en próximas ediciones. Sería interesante ampliar estos conciertos a otras plazas de la ciudad, llevando la programación a diferentes zonas de Pontevedra y generando, de este modo, un impacto económico y cultural más repartido.
El jueves 20 llegó el habitual concierto prefestival, protagonizado cada año por un artista de mayor formato. En esta ocasión fue el turno de Dani Fernández, una actuación de la que os ofreceremos una crónica aparte en los próximos días.
Y entonces sí, llegó el Río Verbena propiamente dicho.
Si algo ha quedado claro en esta edición 2026 es que el Río Verbena ha dado un importante paso adelante en su relación con el público. En años anteriores el festival había apostado por carteles sólidos y atractivos que, sin embargo, no siempre encontraron la respuesta de asistencia que probablemente merecían. Esta vez ha sido diferente.
El festival rozó el lleno absoluto durante sus dos jornadas y consiguió algo que no siempre es sencillo: combinar un cartel de artistas atractivo con una respuesta masiva del público. El Río Verbena parece haber encontrado definitivamente su sitio dentro del calendario musical gallego. Pero el éxito también trae consigo nuevos problemas.
Cuando un festival de medio formato se acerca al lleno, las consecuencias se dejan notar rápidamente: largas colas para acceder al recinto, para recoger la pulsera, pedir algo en las barras o utilizar los servicios. El Río Verbena padeció algunos de estos problemas durante esta edición.
Es cierto que las colas fueron avanzando con cierta agilidad y que la situación no llegó a convertirse en un caos, pero sí fueron lo suficientemente considerables como para convertirse en un aspecto a revisar de cara a futuras ediciones. Si el festival continúa creciendo, la experiencia del público tendrá que crecer al mismo ritmo. Pero dejemos por un momento la organización y volvamos a lo importante: la música.
Porque, musicalmente, el Río Verbena 2026 dejó algunos nombres propios muy claros. Love of Lesbian fueron, como era de esperar, los grandes triunfadores del festival en su concierto de despedida temporal del público gallego, aunque ahora hayan anunciado un nuevo concierto de despedida en Galicia . También destacó Siloé, que, más allá del debate sobre el peso de las secuencias y los elementos pregrabados en su propuesta, posee una de las puestas en escena más eficaces del panorama actual.
Y, como ya ha sucedido durante los últimos dos años, Carlos Ares volvió a conquistar al público a base de buenas canciones, una banda en plena forma y una propuesta puramente orgánica que sirvió como contrapartida perfecta a la pirotecnia sonora de los vallisoletanos. Pero vayamos por partes.
Viernes 21: de las primeras promesas a la gran fiesta
Como suele ocurrir en prácticamente todos los festivales, los primeros conciertos de la jornada inaugural se encontraron con un recinto todavía bastante vacío. Eso no significa, ni mucho menos, que faltase calidad sobre los escenarios.
Los coruñeses Apolo 18 fueron los encargados de abrir el festival con su propuesta de rock. Una banda joven, tanto por su reciente trayectoria como por la edad de sus componentes, que demostró tener todavía aspectos por desarrollar, pero también argumentos suficientes para ser considerada una de las propuestas con mayor proyección dentro del rock gallego.
Después llegó Cora, una artista a la que llevamos siguiendo desde hace años y que volvió a demostrar las razones por las que merece atención. Su pop delicado y, especialmente, la voz de Cora Velasco tienen la capacidad de conquistar a quienes se detienen a escuchar su propuesta.
El siguiente cambio de registro llegó con los locales Müntrails. Su mezcla de post-rock y sonidos metaleros suponía una ruptura importante con respecto a buena parte de la programación del festival, y precisamente por eso resultó especialmente interesante. Se agradece que un cartel como el del Río Verbena se permita escapar, de vez en cuando, de una programación excesivamente homogénea. Entonces llegó uno de los grandes nombres del viernes: Sidonie.
Sidonie no intentaron hacer el concierto más trascendental del festival, sino probablemente uno de los más divertidos. Y, como casi siempre, lo consiguieron. A pesar de la hora no faltaron la ya habitual conga, el paseo a hombros de Marc ni esos momentos en los que el concierto termina convirtiéndose en un gigantesco karaoke colectivo. En definitiva, Sidonie siempre bien.
Tras ellos llegó Luis Fercán, y el cambio de ritmo y de estilo fue absolutamente radical. No sabría decir si una transición tan brusca dentro de la programación funciona siempre a favor del festival, pero sí quedó claro que el artista santiagués cuenta con un público fiel que se congregó frente al escenario para escuchar y disfrutar de las canciones de Luis y su banda.
Y llegó uno de los grandes protagonistas de la noche, y quizás también del festival: Siloé.
Los vallisoletanos ofrecieron un gran concierto. Más allá del debate sobre el peso de las secuencias y los elementos pregrabados en su propuesta —donde por momentos resultaba difícil distinguir qué estaba siendo interpretado en directo y qué formaba parte del colchón sonoro enlatado—, Siloé demostró por qué se ha convertido en una de las apuestas más seguras de los grandes festivales. Su puesta en escena, la conexión con el público y el saber hacer que han adquirido tras años recorriendo la península hacen que sea difícil no reconocer la innegable eficacia de su espectáculo.
Después llegó Sarria, que repetía en el Río Verbena tras haber participado ya en la edición de 2025. El artista malagueño dejó una descarga de rock clásico con numerosos toques funk absolutamente deliciosos. La verdad es que, a nivel de calidad estrictamente musical, el concierto de Sarria fue uno de los mejores de toda la noche. Sarria continúa construyendo su propio camino y su propio sonido, sin dar pasos en falso y dejando siempre una importante sensación de calidad. Quizás mereció encontrarse con más público delante del escenario, pero quienes decidieron quedarse pudieron disfrutar de uno de los directos más interesantes del viernes.
Para cerrar la noche llegaron La La Love You y lo que en NoSoloEsRuido llamamos "tontipop de manual". Pasan los años y sus directos me siguen transmitiendo la misma paradoja, composiciones cortadas por un patrón infantil que ellos defienden con la actitud de quien cree estar refundando el género. Su poder de convocatoria es indiscutible, pero siempre me queda la duda de si la gente disfruta genuinamente de sus temas o si sencillamente acude arrastrada por el fenómeno de moda.
Sábado 22: Carlos Ares, Love of Lesbian y una despedida convertida en celebración
La jornada del sábado comenzó con algo más de público que la del viernes. En esta ocasión, French Riviera fue el encargado de abrir el telón. Su proyecto musical, cargado de sonidos ochenteros, disco, funk e italo disco, no entra especialmente dentro de mis preferencias personales, pero hay que reconocer que sus conciertos funcionan y que resulta difícil no pasar un buen rato.
Después llegó Yoly Saa, la cantautora pontevedresa, con una propuesta en la que conviven la canción de autor y la electrónica. Personalmente es una combinación que no termina de convencerme, pero eso no impide reconocer que Yoly Saa tiene un buen directo y sabe defender sus canciones sobre el escenario.
Uno de los conciertos que más ganas tenía de ver era el de Los Acebos. La banda asturiana, a la que ya presentamos en su día en nuestro programa Charlando Con…, publicará próximamente su álbum de debut. Su propuesta de rock alternativo encaja perfectamente con algunos de los sonidos que más nos interesan en esta web, y canciones como «Esclavos de la intensidad» ya dejaban claro que había motivos para prestarles atención. En su puesta de largo en Pontevedra demostraron que cuentan con un repertorio de calidad y con canciones capaces de convertirse en auténticos himnos. Precisamente «Esclavos de la intensidad» fue la encargada de cerrar su concierto. Además, tuvieron el acierto de incorporar a su setlist una versión de «Que no», el mítico tema de Xoel López.
Después llegó otro de los grandes triunfadores de la noche: Carlos Ares.
A esas alturas, el recinto del Río Verbena ya estaba prácticamente lleno. Y Carlos Ares volvió a hacer lo que lleva haciendo durante los últimos años, conquistar a quienes ya le conocen y ganar nuevos seguidores entre quienes se acercan por primera vez a uno de sus conciertos.
Aquí radicó el contraste más revelador del fin de semana, frente al artilugio tecnológico y el uso intensivo de pistas pregrabadas de Siloé en la jornada previa, Carlos Ares se presenta sobre el escenario acompañado por una banda completa en estado de gracia. Toda esa dimensión instrumental forma parte esencial de su directo; cada matiz transmite la sensación de estar construyéndose en tiempo real, con músicos respirando juntos y haciendo que las canciones cobren una vida.
La puesta en escena y el setlist de Carlos Ares ya los conocemos bien, porque es uno de los artistas que más conciertos ha protagonizado durante los últimos dieciocho meses. Aun así, sigue resultando llamativo comprobar que todavía hay gente entre el público que no conoce su propuesta. Eso sí, salen del recinto convertidos en nuevos devotos del artista gallego.
Una de las grandes sorpresas de lo que llevamos de 2026 son Sanguijuelas del Guadiana. Ofrecieron un concierto más que aceptable, pero tengo que reconocer que era la primera vez que los veía en directo y llegaba con unas expectativas tan altas que, finalmente, terminé algo decepcionado. Aun así, un buen bolo.
Y entonces llegó el momento de la gran despedida. O, quizás, simplemente de un hasta luego. Love of Lesbian dieron el concierto del Río Verbena 2026.
La banda repasó los grandes éxitos de su carrera y, probablemente, las únicas canciones que no entraron en el setlist se quedaron fuera por una cuestión estricta de tiempo. Desde el primer momento existía una duda: ¿sería un concierto marcado por la añoranza y la despedida o una celebración por los veinticinco años de canciones que nos han regalado hasta ahora?
La respuesta llegó rápidamente. Love of Lesbian habían venido a Pontevedra a celebrar la comunión entre sus canciones y su público. Y la gente lo entendió así. Lejos de cualquier conato de nostalgia gris, el concierto terminó convirtiéndose en una enorme celebración de la música de este siglo XXI. También se notaba sobre el escenario, la banda se mostró especialmente cómoda y ofreció el mejor concierto que les he visto en los últimos años.
Después del enorme concierto de Love of Lesbian, León Benavente tenía la difícil misión de mantener el nivel. Pocas bandas podrían haber afrontado ese reto sin que el cambio de escenario y de propuesta provocase una caída de intensidad. Pero, como era de esperar, León Benavente lo consiguió. Ofrecieron un concierto espectacular y demostraron que, cuando se trata de mantener la tensión, la energía y la conexión con el público, siguen siendo una de las propuestas más fiables del panorama nacional.
El encargado de cerrar la noche en el escenario principal fue Xoel López. Y aquí tengo que ser sincero. Siempre digo que Xoel es uno de esos artistas que prácticamente nunca ofrece un mal concierto; como mínimo, siempre se mueve en ese notable alto que garantiza calidad. Pero en esta ocasión el artista coruñés estuvo lejos de ofrecer su mejor versión. Algo no terminaba de encajar. Por momentos daba la sensación de no encontrarse completamente cómodo sobre las tablas y, aunque el concierto mantuvo el nivel suficiente para cerrar el festival, estuvo lejos de los grandes directos que le hemos visto firmar.
Un festival que ya ha encontrado a su público
El Río Verbena 2026 será recordado, seguramente, como el año en el que el evento terminó de consolidarse definitivamente. Durante años hemos hablado de carteles interesantes, propuestas atractivas y de un festival con potencial. Pero en esta ocasión se produjo la alianza definitiva: el cartel y el público fueron de la mano. El recinto rozó el lleno durante las dos jornadas y el ambiente confirmó que el Río Verbena ha conseguido hacerse un hueco indiscutible dentro del calendario musical gallego.
Ahora el reto será otro. Si el festival continúa creciendo, tendrá que hacerlo también su capacidad para gestionar esa asistencia. Las colas en accesos, barras y servicios son aspectos a revisar con lupa para próximas ediciones. No llegaron a empañar la experiencia de forma insalvable, pero sí quedan como un aviso para navegantes, un festival que aspira a la primera línea debe cuidar con el mismo celo la música y la logística.
Musicalmente, esta edición dejó grandes triunfadores. Love of Lesbian protagonizaron el momento más emocionante y probablemente el concierto del festival. Siloé volvió a demostrar su eficacia para el gran formato. Carlos Ares confirmó, una vez más, que la autenticidad instrumental sigue siendo el camino más directo al corazón del público. Y nombres como Sarria, León Benavente o Los Acebos dejaron algunos de los momentos más redondos del fin de semana.
Pero quizás lo más importante sea otra cosa: el Río Verbena ya no tiene que demostrar que es capaz de atraer un gran cartel o reunir a miles de personas. En 2026 consiguió ambas cosas. Ahora queda ver si en próximas entregas es capaz de seguir creciendo sin perder esa identidad que, año a año, se siente más firme.
Antes de apagar las luces, es justo reconocer el trabajo de todas las personas que hacen posible un evento de estas dimensiones. Desde la organización hasta el personal de barras, seguridad, accesos, limpieza o producción. Porque incluso en los momentos de máxima afluencia, con el recinto rozando el límite y la tensión propia del directo, sostuvieron la jornada con profesionalidad, una sonrisa y la mejor atención posible. Los artistas se llevan los aplausos y los focos, pero son ellos quienes sostienen el festival desde la sombra.
NOS VEMOS EN EL RÍO VERBENA 2027!!!!

