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Pablo y los ciervos dorados, una conversación sobre canciones que buscan refugio

Por Diego Añon // 18 de septiembre 2026
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Un debut grabado a toma única que huye del sonido pulido para apostar por la verdad del directo

Detrás de Pablo y los ciervos dorados hay un camino que empezó en solitario, con maquetas caseras y la única compañía de una guitarra, antes de convertirse en una banda de cuatro piezas en el local de ensayo. El resultado de esa búsqueda es "Vino", un primer trabajo donde el tiempo parece funcionar a otra velocidad. Con un pie en la canción de autor más confesional y otro en la contundencia del rock alternativo, el proyecto firma una propuesta de largo recorrido, ajena a los ritmos de la industria actual y pensada para encontrar a quien se acerque a ella con calma.

NoSoloEsRuido: "Vino" es la carta de presentación de Pablo y los ciervos dorados, un debut que llega tras un proceso de gestación reposado y en silencio. Para alguien que lo escuche por primera vez, ¿qué define el universo sonoro y emocional de este disco?
Pablo: Es una pregunta difícil. No tenía una idea concreta de lo que iba a ser el mundo general de las canciones; me fui ocupando de ellas una a una, con su propia inercia interna. Si tuviera ahora, con un poco de distancia, que decir que hay algo que las une a todas, sería que cada una representa una faceta de lo que yo estaba pasando en esa etapa de mi vida, con cierto tipo de angustias o de cosas que me parecían importantes de retratar. Pero no creo que vayan de mí ni de mi vida, sino de cosas poéticas y abstractas que me parecían universales.

NoSoloEsRuido: El disco abre con «Duermevela» y se cierra con la intimidad de la canción «23:59». ¿Cómo planteasteis la secuencia de canciones para que Vino se escuche como un viaje completo y no como una simple colección de temas?
Pablo: Hubo mucho debate con el orden de las canciones, la verdad. La estructura general de Cara A y Cara B la teníamos bastante clara porque sabíamos que había dos canciones que tienen mucha más potencia y volumen: «Vino» y «Canción de odio». No nos parecía que debieran estar al final ni en un crescendo en el medio. La Cara A tiene cosas más de vivencias, con un personaje en primera persona; y la Cara B es como esas películas adolescentes de coming of age, un poco dejar la inocencia y pasar página.
Cerrar con «23:59» fue idea de Iván, nuestro técnico de sonido y quien nos grabó el disco. En cuanto lo dijo, vimos claro que era perfecta para cerrar la historia. Y «Duermevela» originalmente iba a ir justo después de «Canción de odio», como un despertarse de una pesadilla; pero por consejo de Pablo (de la discográfica) y de Ángel (guitarrista de RAMP), que nos dijeron que tenía que abrir el disco, lo vimos claro. Ese efecto de estar entre la vigilia y el sueño debía ser el tono del álbum.

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NoSoloEsRuido: En la grabación en Terraforma con Iván Pérez habéis apostado por un sonido bastante orgánico y crudo, dejando espacio para el aire y el ruido ambiente. ¿Por qué era tan importante huir de la producción pulida y tan nítida que se lleva ahora y buscar esa imperfección?
Pablo: Si hubiéramos tenido más tiempo para grabar, igual hubiéramos hecho alguna cosa distinta, pero la prioridad en todo momento fue que tenía que estar grabado en directo con la toma buena. Nos parece que tiene que haber una vinculación entre todos los instrumentos que se sienta flexible, expresiva y que represente lo que la canción va pidiendo en el momento. Eso es mucho más difícil de conseguir en una grabación por pistas y con metrónomo.
Pensando en los álbumes de los 60 y 70 que me encantan, cuando ves las ediciones deluxe te das cuenta de que grababan 16 tomas de cada canción y escogían la que tenía algo distinto. Esa era nuestra filosofía: captar un momento. Las canciones son como tienen que ser.

NoSoloEsRuido: A mí este disco me suena un poco a melancolía, y hay una delgada línea entre la melancolía que aísla y la que reconforta. ¿Buscabais que Vino funcionara precisamente como un refugio o un abrazo para quien lo escucha?
Pablo: Sin ponerme demasiado dramático, creo que las canciones fueron primero un abrazo para mí. Las hice en una etapa en mitad de la pandemia. Yo antes hacía otras canciones y tocaba con amigos, pero con la pandemia acabé recluido. Estas canciones fueron cogiendo forma porque le veía menos sentido a cómo había hecho la música antes.
Durante el proceso no pensaba tanto en cómo sería escucharlo desde fuera, sino en sentirme yo acompañado desde dentro. Si esa alquimia que hice como músico le resuena a alguien más, bienvenido sea.

NoSoloEsRuido: Las primeras maquetas surgieron en la intimidad de tu habitación, pero el proyecto terminó convirtiéndose en una estructura de cuatro patas con Elena, Álex y, más recientemente, Rodrigo. ¿Cómo fue el salto de ese formato individual e íntimo a la vida en el local de ensayo?
Pablo: La evolución fue bastante orgánica. Al principio solo estaba mi hermana Elena, con quien tengo más confianza artística que con nadie. Hacíamos solo batería y guitarra, grabándolo en maquetas.
Pero cuando apareció Álex para llevarlo al directo, de repente dejó de ser una «célula terrorista» en la sombra y se convirtió en algo real en el mundo. Nos convertimos en una banda de la noche a la mañana. Álex es de mis mejores amigos y mi hermana y él se conocen perfectamente.
A Rodrigo (Scott) lo conocemos hace un montón. Como las canciones nos pedían un teclado o una guitarra extra, pensamos en él desde el principio porque nos llevamos muy bien y es súper versátil. Ha sido absolutamente natural. Siento que tengo muchísima suerte de tener este disco y una banda de gente a la que quiero mucho.

NoSoloEsRuido: He leído por ahí que os han llegado a definir como «el grupo que suena en el pub cuando no hay nadie porque le mola al DJ». ¿Cómo se convive con esa etiqueta de banda de culto o de nicho desde el inicio?
Pablo: No sé si somos de culto, me encantaría pensarlo (risas). Lo que sí me parece es que son canciones que no se prestan a escuchar en grupo con ritmo bailable o estribillos fáciles. Hacemos una música hecha para ser disfrutada en la intimidad: en tu habitación, con cascos, en secreto o de boca en boca.
Para mí sería un honor pertenecer a esa categoría. Si en algún momento dejamos de ser una «banda secreta», bienvenido sea.

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NoSoloEsRuido: En las notas del fanzine que acompaña al lanzamiento hablas de bloqueos creativos, referencias literarias y referencias al estilo de Cohen o Cave. ¿Cómo se traduce ese bagaje literario a la hora de crear y estructurar vuestras canciones?
Pablo: Antes de Los Ciervos, cuando tocaba solo, me preocupaba mucho por hacer estructuras muy complejas con la guitarra. Con estas canciones me interesaba dar la vuelta a eso: no preocuparme tanto por la forma musical, sino por lo que se cuenta. Tuve que simplificar formalmente y usar el recurso clásico del pop, una parte A y una parte B, para desplegar ahí la narrativa.
No me considero en absoluto ni escritor ni poeta. Cojo cosas de la literatura como técnicas, objetos o tintes, pero todo al servicio de crear una canción. Una canción es algo necesariamente distinto de un cuento o un poema.

NoSoloEsRuido: Ahora que el disco está fuera y lo vais a defender en directo (como este próximo 18 de septiembre en la Sala Kominsky), ¿cómo mutan estas canciones de habitación al enfrentaros al público cara a cara?
Pablo: Lo bueno de haber grabado el disco en directo es que suena muy parecido a lo que será en el escenario. En cuanto a la intimidad, hasta ahora solo hemos tocado para amigos, familiares y muy poquita gente que no conociéramos personalmente. A partir de ahora, si viene más gente nueva, va a ser una experiencia increíble. Quiero creer que las canciones van a aguantar el tirón de ser expuestas.

NoSoloEsRuido: ¿Vais a retocar las canciones en directo o las vais a respetar tal y como están publicadas? Tocar en directo una canción de nueve minutos y medio requiere muchos bemoles y concentración.
Pablo: Te puedo asegurar que si las retocamos en directo no será para reducirlas (risas). Si en algún momento se me va la olla y mis ciervos dorados me lo permiten, igual nos ponemos en modo sinfónico, enlazamos temas y hacemos versiones más largas. Pero de momento aguantamos canciones de nueve minutos, y si un día tienen que ser de doce, lo serán.

NoSoloEsRuido: Hoy en día muchas salas y productores piden canciones de no más de tres o cuatro minutos. Sin embargo, al escuchar las vuestras la sensación es que no les sobra ni un solo segundo. Mi más sincera enhorabuena y gracias por atreveros.
Pablo: Me hace muchísima ilusión que me digas eso, de corazón. Para mí no son canciones ni largas ni cortas, solo son lo que tienen que ser. Tenía miedo de que a alguien se le hiciera pesado, así que te lo agradezco un montón.

NoSoloEsRuido: Con "Vino" en la calle y la banda asentada, ¿hacia dónde os gustaría que camine el proyecto y qué lugar os gustaría ocupar?
Pablo: Honestamente te digo que no lo sé, que venga lo que tenga que venir. Mi obsesión era hacer un disco y todos los apoyos recibidos han sido imprescindibles para lograrlo. No me esperaba siquiera que fuerais a hacer una entrevista o tener fecha de gira, así que solo puedo estar agradecido. Lo que decida el mundo, bienvenido sea.

NoSoloEsRuido: ¿Qué le dirías a alguien que está dudando de escuchar el disco o ir a vuestro concierto para convencerlo?
Pablo: No le puedo asegurar que le vaya a gustar, pero creo que no le va a dejar indiferente. No conozco a nadie que haga algo exactamente como lo nuestro. Además, somos gente bastante maja; en el peor de los casos se pueden tomar una caña con nosotros después del bolo y decirnos lo que no les ha gustado, no pasa nada (risas).

NoSoloEsRuido: Una última pregunta: ¿en los conciertos de la gira vais a llevar el formato físico del disco?
Pablo: ¡Sí! Me acaban de llegar hoy los vinilos. Solo con dos semanas de retraso, así que para lo que suelen ser los vinilos es un éxito rotundo (risas). Llevaremos vinilos, camisetas y a ver si nos da tiempo a hacer otra tanda de fanzines para este viernes.

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